Paper Towns (John Green)

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Nada pasa nunca como imaginas que pasará… pero, de todas formas, si no lo imaginas, nada pasa en lo absoluto.

En algún momento de este año, me puse la meta de leer los cuatro libros que ha escrito John Green (en solitario); para tener una idea, clara y fundamentada, de este personaje como escritor. Y, con este libro, lo he logrado.

En estos precisos momentos no me voy a enrollar en mis comentarios sobre John Green como escritor. El hombre ha tenido su evolución, pero el tema de este post se trata de Paper Towns (Ciudades de Papel, en español).

Este libro nos cuenta la historia de Quentin y Margo. Un par de vecinos que, aunque de niños eran muy buenos amigos, se distanciaron con los años. Ambos están por graduarse de la secundaria, y pertenecen a grupos sociales completamente diferentes. Quentin es un chico promedio (rozando la línea de los marginados) y Margo es la chica más popular de la escuela; y de toda la ciudad. De hecho, no le dicen solo Margo; le llaman Margo Roth Spiegelman. Como se le llama a toda una celebridad. Por su nombre completo.

Sin embargo, un día como cualquier otro, sin explicación ni aviso previo, Margo se aparece en la habitación de Quentin. Luego de años sin haberse hablado directamente. Dice que necesita de su ayuda para una aventura nocturna, y, claro, nuestro protagonista accede. Primero que nada porque está (como lo estuvo desde que era un niño) perdidamente enamorado de Margo, y segundo porque piensa que, luego de esa sorpresiva petición, su relación con Margo volverá a estrecharse… aún más fuerte que antes.

Sí, el muchacho piensa que van a ser novios.

Pero lo que menos se espera es que, al día siguiente, Margo desaparecerá por completo. Adiós. Bye bye. Sayonara.

Así empieza nuestra historia, y la interminable busqueda de Margo Roth Spiegelman.

Debo aclarar que lo que más me cautivó de este libro fue la cantidad de temas que toca y los temas en sí que toca. Son muy reales y personales. Te confronta, te cuestiona y te muestra la verdad. Cosa que volvió de este libro uno de mis favoritos.

Paper Towns nos habla sobre el tiempo. Sobre nuestra percepción del futuro, para ser más exactos. Como nos concentramos y obsesionamos con nuestro futuro, lo que debemos alcanzar; pero, irónicamente, no le prestamos atención a nuestro presente. No disfrutamos de él como deberíamos. No le prestamos la dedicación que le damos a el futuro; este momento que, al alcanzarlo, solo se convierte en algo más que debemos seguir persiguiendo. Nunca terminamos de llegar. Siempre hay algo más en la lista. Ir a la escuela, para ir a la universidad, para conseguir un trabajo, para tener una familia, para concebir hijos, para llevarlos a la escuela, para que vayan a la universidad, para que consigan trabajos… Y, al final, nuestra vida se trata de alcanzar el futuro; nuestro presente queda olvidado.

-¿No estás preocupada por, tú sabes, para siempre?

Para siempre está compuesto de ahoras.

La lista sigue con una serie de temas sumamente interesantes. Uno de mis favoritos es cómo John nos confronta con nuestra enferma obsesión por que todo sea como nosotros queremos que sea; y si las cosas resultan ser diferentes, todos están mal menos nosotros. Nos sentimos decepcionados y traicionados. Pero… ¿quién nos dio a nosotros el derecho de decidir cómo deben resultar las cosas, cómo debe ser una persona o cómo no debe ser? Esa no es nuestra decisión; cada quién es como es, y nuestro deber es conocerlos y aceptarlos (o no) tal como son. Sin ninguna variación. Como personas reales y no como un invento de nuestra imaginación que les obligamos a personificar.

¿Sabes cuál es tu problema, Quentin? Sigues esperando que las personas no sean ellas mismas.

El resto se los dejo a ustedes. Este es un libro que resulta toda una delicia desentrañar. Descubrir cada uno de esos mensajes que John nos deja a lo largo de su historia; y, sobre todo, ponerlos en práctica.

Está de más decir que le di cinco gorritas de cinco:

5 de 5 gorritas_WP

Saludos a todos,

Rangii.

An Abundance of Katherines (John Green)

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Hijo, si hay alguna cosa que sepa, es que hay personas en este mundo a las que puedes amar y amar y amar; no importa qué.

Este libro fue toda una sorpresa para mí. Al parecer, comencé a leerlo con cierta expectativa; y, al final, no logró convertirse en aquello que había pensado que sería. Pero, por lo mismo, fue toda una sorpresa para mí darme cuenta de que inicié a leer el libro con una idea de lo que podría ser. Y, amigos míos, entre la suposición y la expectativa muere toda relación.

La relación que pudo haber entre An Abundance of Katherines (El teorema de Katherine, en español) y yo, murió de una forma terrible.

El libro no logró capturarme, y, aunque tuvo algunos momentos graciosos (de hecho me reí bastante a lo largo de la historia) el libro en sí no me gustó. Casi nada.

El libro sigue la historia de Colin Singleton, un muchacho de diecisiete años, graduado de la secundaria. Se trata de un niño prodigio… no un genio. Hay una enorme diferencia entre ser un niño prodigio y ser un genio. Los niños prodigio aprenden mucho y muy rápido. Los genios inventan. Los genios marcan su huella en la historia. Los niños prodigio son olvidados cuando su conocimiento llega a un límite y, poco a poco, el resto de la humanidad comienza a alcanzarlos.

Lo que hace de Colin alguien peculiar, es el hecho de que ha tenido diecinueve novias a lo largo de sus diecisiete años. Y, como si no fuera suficiente ficción, todas y cada una de ellas han sido chicas bautizadas con el nombre que se ha vuelto todo un fetiche para Colin.

Katherine… Diecinueve Katherines.

Sin embargo, la historia da inicio cuando la última novia de Colin (Katherine 19) rompe con él, y Colin entra en una juvenil depresión. Pero su mejor amigo, Hassan, llega al rescate; y le propone un viaje de carretera, como un divertido y provechoso escape a sus actuales problemas. Lo que resulta en un total fracaso, ya que Colin se empecina en crear un teorema que le diga cuando y quién será el que termine con una realación amorosa. De esa forma puede predecir si su relación tendrá futuro o no. Convirtiéndose en su primera invención, y obteniendo su entrada al salón de los genios. Su boleto de vuelta a Katherine 19; ya que su creación la dejaría tan deslumbrada que se arrepentiría de haberlo dejado… de lo más lógico, ¿cierto?

¿Por qué no me gustó esta historia?

Porque no tiene nada que contar.

A lo largo de todo el libro pasan una serie de eventos que, aparte de graciosos, no cumplen con ninguna otra función. Solo divertir. Y, en lo particular, a mi me gustan las historias que aprovechan cada uno de sus capítulos para tocar un tema. Para decirme algo. Para expresar opiniones que me enriquezcan como persona. Pero tal vez eso sea demasiado pedir… a mi me parece que no.

Aparte de que hubo muchas inconsistencias a lo largo de la historia. Cosas que, simplemente, no me hicieron ningún sentido o que no me convencieron del todo. Una de ellas fue la vida amorosa de Colin, contrastada con su terrible personalidad. ¿A quién le quiso hacer creer que alguien como Colin Singleton pudo convencer a diecinueve, 19, XIX Katherines, para que salieran con él? John Green ni siquiera lo describe como alguien atractivo; lo que compensaría su personalidad y haría un poco más creíble aquella fantasía. Durante la mayoría de la historia, la personalidad de Colin no fue para nada concorde con lo que reflejaba sus acciones. John Green lo describía de una forma, y luego lo ponía a hacer otra cosa. Algo que, alguien como Colin, jamás haría. Eso fue lo que más me desapegó de la historia.

Luego estaba esta segunda línea de tiempo; porque este libro esta dividido entre el presente de Colin (el que nos narra su viaje de carretera y la creación del afamado teorema) y su pasado (el que nos cuenta las historias de amor que compartió con sus diecinueve ex-novias). Algunas cosas que Colin hacía o decía, en esta línea de tiempo pasada, no tenía nada que ver con la forma en que John lo describía en el presente. Parecían dos Colins diferentes. Pero no parecía haber una razón válida para presentar este cambio. Era todo muy confuso. No dejaba de preguntarme por qué en algunas parte de la historia Colin se comportaba seguro, ingenioso, incluso atrevido; y luego me encontraba con un Colin torpe, antipático y cobarde.

No pude encontrar la respuesta.

Luego está Lindsey Lee Wells. Personaje que, desde que aparece en la historia, te revela el final del libro. Solo te encuentras con la imagen de esta chica leyendo una revista, detrás del mostrador, y sabes, perfectamente, cómo terminará todo. Y eso fue otro punto en contra para el segundo libro de John Green. Su historia fue demasiado predecible. Aparte de que el personaje tampoco aportaba mucho a la historia. Ninguno aportaba mucho, en realidad. Al final, solo resultaron una serie de personas que se mantuvieron haciendo cosas para que la historia, de alguna forma, siguiera avanzando.

El único momento en que hice clic con este libro fue cuando Lindsey dijo:

Soy una basura. Nunca soy yo misma… Soy lo que necesito ser en cualquier momento para mantenerme sobre la tierra pero debajo del radar.

Y con eso, señores, me identifiqué muchísimo con Lindsey Lee Wells. Fue el único momento que me enseñó algo de mí mismo y me ayudó a darme cuenta de las cosas que debía mejorar. Fue el único momento de la historia que me dejó algo. Lo demás, fue mera entretención. Y talvez de eso se trata. Simple entretenimiento. Un libro para despejarse un rato, reírse y no estar conscientes de la vida que nos rodea por un par de horas. Pero, al parecer, cuando tomé el libro en mis manos, lo hice esperando una historia más profunda. Más significativa.

Mi error. Lo debo admitir.

Lo último que terminó de acentar mi poco agrado por esta historia, fue el final.

Luego de haber pasado por toda la depresión de Colin Singleton; por todos los chistes buenos y malos de su mejor amigo, Hassan; por todos los cambios de personalidad de Lindsey; por todas las idioteces de su novio y sus amigos; por toda la historia de la madre de Lindsey y la fábrica del pueblo, junto con todos sus habitantes y sus historias… a John se le ocurrió terminar con un mesaje que no tuvo absolutamente ninguna relación con nada, nada, nada de lo anterior.

¿Qué rayos?

Lo que John Green decidió colocar como la moraleja de An abundance of Katherines, solo tiene un leve hilo que lo conecta con pequeñas–pequeñisimas partes de la historia. Fue todo un choque para mí. Al principio, incluso pensé que me había saltada algún capítulo o alguna parte del libro donde aquel final tuviera algún sentido. Pero no. Sorpresivamente, John decidió dejar todo el asunto del teorema a un lado; todo eso del pueblo y la fábrica y la genialidad de la que Colin venía preocupándose durante todo el libro… todo eso quedó en la nada.

Pero, debo aclarar, fue un mensaje que me gustó. Solo que salió de la nada; y lo hizo abruptamente. Se sintió demasiado forzado. Demasiado inventado. Demasiado fuera de contexto. Nada de la historia me llevó a pensar que el final fuera a tratarse de aquello, y cuando me encontré con él fue como “Disculpa, ¿de dónde rayos salió esto?”

Pero, al fin y al cabo, se trató de un buen mensaje. Así que por eso, y solo por eso, le di tres de cinco gorritas:

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Me gustaría que lo leyeran por ustedes mismos y sacaran sus propias conclusiones. Tal vez todo esta decepción fue por haber tomado el libro en mal momento. Pero, sea como sea, An Abundance of Katherines, no es el mejor libro de John Green. Aunque, de igual forma, los dejo para saquen esa conclusión por ustedes mismos.

Saludos a todos,

Rangii.