Siete años han pasado…

Hace un par de días, navegando entre mis blogs favoritos, me encontré con el blog de Suzanne (tattooedmissionary) y quedé fascinado con lo que escribió en su último post. Hablaba sobre lo bueno y lo malo de vivir en un país en desarrollo. El cual pueden leer dando clic aquí (pero, ojo, está en inglés).

Casualmente, yo vivo en un país en desarrollo (Panamá), y casi todo lo que dijo fue como ver descrito a mi país. Sin embargo, a mi me causó mucha nostalgía algo completamente diferente. Su post me hizo recordar cuando yo vivía en la ciudad (ahora vivo en un distrito muy alejado de la ciudad, al oeste, un mundo completamente diferente). Ella hablaba de no comparar su país de origen con el país donde ahora se encontraba, y yo sentí que a mi me pasaba exactamente lo mismo; con solo haberme mudado de ciudad.

Han pasado ya siete años desde que me mudé de mi viejo hogar en la ciudad hacia el oeste, y me resulta impresionante el hecho de que aún (y creo que jamás) me he acostumbrado a vivir donde vivo ahora. Y no se trata de que viva en condiciones terribles, para nada. Simplemente, aún no logro procesar las diferencias que existen entre mi viejo y mi actual hogar. Pero con todo y eso no puedo quejarme, porque al menos tengo un hogar; y uno que no muchos pueden tener. Me siento bendecido por eso, pero no puedo evitar sentirme un poco resentido por aquellas cosas que he perdido y aquellas cosas de las cuales aún no me acostumbro. Sin embargo, hay muchas otras cosas que he ganado y una que otra cosa que extrañaría, si algun día llegara a irme (de vuelta a la ciudad, espero). Así que aquí les dejo mi lista de las cosas geniales y no-tan-geniales de vivir lejos de la ciudad, en un país en desarrollo.

030-COSAS NO TAN GENIALES DE VIVIR LEJOS DE LA CIUDAD//

La distancia. Casi todo lo que realizo (la universidad, los cursos de cine, las grabaciones, las reuniones de trabajo, las salidas con amigos, etc.) es en la ciudad. Lo divertido del asunto es que, sin tráfico, solo estoy a media hora de la ciudad. Pero, con tráfico, estoy a dos horas de la ciudad. Y, por lo general, hay tráfico.

Lo peor de todo es que cuando llegas a la ciudad, solo llegas al borde de la ciudad. Debes tomar otro autobus para ir al lugar al que en realidad debes estar, y eso toma media hora más; sin tráfico. Pero, con tráfico, puede ser hasta una hora. Así que, al final, te toma entre una a tres horas llegar a todas tus actividades. Y lo mejor del asunto es que jamás sabes si hay tráfico o no. Así que, sea como sea, debes salir tres horas antes de tu casa para llegar a tiempo a donde sea que vayas. Así te libras de cualquier imprevisto. Y créanme que pararse tres horas antes de lo que debes, para poder llegar a tiempo, no es para nada agradable.

El transporte. Al vivir tan lejos, si no tienes auto, dependes por completo del transporte público. Debes tomar de dos a tres buses para ir a la ciudad o regresar a casa, dependiendo del lugar a donde vayas. Y todo eso, estando pendiente del horario de servicio.

En mi país el metro cierra a las 10:00 pm y el último bus de la terminal de buses sale a las 11:00 pm. Si llegas a pasarte de esa hora, en alguno de ellos, te quedaste en la ciudad. Así que te queda completamente prohibido participar de fiestas, reuniones, películas o cualquier evento que no te deje tomar un bus de regreso antes de las 10:30 pm. Y a todo el mundo le fascina hacer actividades de noche, así que ya se imaginarán lo mucho que me he perdido estos últimos años.

Aparte de eso está el factor económico. Al tener que tomar tantos buses (o taxis) te sale mucho más caro salir a la ciudad desde el distrito donde vivo, que si vivieras en la misma ciudad. Y estar conciente de ello es muy frustrante. Sobre todo cuando debes dejar pasar un evento al que quieres ir, porque no alcanza para el pasaje.

El entretenimiento. En la ciudad debías tomarte un tiempo para ver a qué lugar querías ir, ya que todo quedaba cerca y había mucho de donde escoger. En el distrito donde vivo ahora no hay nada. Hace solo cosa de un año, abrieron un centro comercial. Y lo único bueno es el cine y los restaurantes. Antes de eso, ni cine teníamos. Todo había que hacerlo en la ciudad. Si querías comprar algo, había que ir a la ciudad. Si querías ver una película, había que ir a la ciudad. Si querías comer algo, había que ir a la ciudad. Si te enfermabas, había que ir a la ciudad. ¡Si necesitabas la mínima cosa, había que ir a la ciudad! Y aún es así con muchas cosas. En este lado del país no hay nada, y es de lo más frustrante; hay días que no quiero ir TAN lejos para hacer algo tan sencillo. Hay días que quisera salir de mi casa y caminar unas cuadras para conseguir lo que quiero. Cosa que podía hacer en la ciudad, pero ahora debo tomar un viaje de dos horas para hacer cualquier cosa. Aún no entiendo porqué a este lado del país no se le da tanta importancia como al otro. Aquí también viven personas, y muchas. ¡Hola!

La luz. Por alguna extraña razón, en este lado del país la luz no tiene ningun sentido de constancia. Un día la tienes y al otro día no. Un minuto está y luego pasas tres horas sin luz. Y jamás te avisan cuándo se va a ir. Hay días que la luz viene y va y viene y va. Yo no sé si alguien dentro de la empresa de electricidad se ponga a jugar con los interruptores, pero, sea quien sea, no tiene el menor respeto hacia los que vivimos de este lado del país. Y ese es el punto, eso solo pasa de este lado. Cuando vivía en la ciudad, podía contar con los dedos de una mano las veces que la luz se había ido. Ahora que vivo en este distrito, no me alcanza ni con los dedos de toda mi familia para contar las veces que nos hemos quedado sin luz.

El agua. Durante todo el tiempo que viví en la ciudad, yo no sabía a qué se referían con “se fue el agua” Esa era una expresión ajena a mi estilo de vida. Sin embargo, desde el día en que me mudé a este distrito, podría darle clases a cualquier persona sobre qué hacer cuando se va el agua. Es algo constante y permanente. Algo con lo que tienes que aprender a vivir y estar preparado para cuando pase. Que puede ser en cualquier momento. De todos los días. Sobre todo, los fines de semana. Dalo por hecho.

COSAS REALMENTE GENIALES DE VIVIR TAN LEJOS DE LA CIUDAD//

El silencio. Es increíblemente maravilloso el silencio que hay en esta parte del país. En la ciudad tenía que lidiar con el sonido de los autos, las bocinas, las personas, las discotecas, los choques de autos (que eran muchos en donde yo vivía) y el rugido de la ciudad, en general. Sin embargo, aquí puedes disfrutar de un silencio acogedor. Puedes leer un libro en completa paz. Puedes dormir sin escuchar ni el más mínimo murmullo. Puedes escuchar tus propios pensamientos sin la necesidad de taparte los oídos. La tranquilidad de este lado del país te acobija y te hace sentir como la persona más bendecida de este tierra. Quieres agradecerle a Dios a diario por vivir en esa casa, rodeado de tanto silencio.

El vecindario. No puedo hablar por todos, pero, al menos, mi vecindario es muy tranquilo. La gente no es fiestera. No hay delicuentes. Los autos pasan despacio. Los vecinos tienen sus casas bien arregladas y sus jardínes bien cuidados. Los niños juegan como niños y es poco probable que algo malo te pase en este lugar. Es como vivir dentro de una burbuja. Puedo regresar a mi casa a las tres de la madrugada y caminar con total seguridad por las calles de mi vecindario. Cosa que NO se puede hacer en la ciudad. Allá debes tener los ojos bien abiertos y el puño listo para golpear y correr.

El código de vestimenta. No se trata de un código real, pero, lo cierto es que, en este lado del país, la gente le da menos importancia a cómo sale vestida a la calle. Durante todos los años que viví en la ciudad, aunque fuera a la tienda de la esquina, tenía que salir bien vestido. Todos los que vivían allí se vestían como si fueran al cine o quién sabe dónde. Tenías que estar seguro de ver lo que tenías puesto antes de salir, porque de seguro te iban a mirar raro si llevabas algo puesto que no combinara con el lugar. ¡Incluso las ancianas se arreglaban el cabello para ir al super!

Acá, es completamente diferente. Si quieres ir al supermercado en pijama, nadie se va a fijar. Si sales de tu casa despeinado, con el sueter que tenías puesto el día anterior y el pantalón abierto, a punto de caer hasta tus tobillos, es de lo más normal. Aquí nadie se ofende si no estás vestido para la ocasión. Y eso me encanta. Puedo andar en chancletas, pantalones manchados, suteres viejos, despeinado y sin bañar. Y si quiero, puedo irme así a donde quiera. Nadie lo va a notar, porque nadie está vestido como si fuera a una pasarela. Hay veces incluso que me siento un poco raro cuando salgo vestido para ir a la ciudad, ya que, como voy a la ciudad, sí me visto para la ocasión; y ahí es que resalto entre la gente. Es muy raro presenciar esa diferencia. Pero a mi me fascina poder vestirme como sea cuando estoy en mi vecindario. Hace que mi casa se sienta del tamaño de todo el distrito.

Ya luego de tantos años, todas estas cosas se han vuelto parte de mi vida. Lo cierto es que sigo extrañando el vivir en la ciudad y guardo la esperanza de volver algun día. Sin embargo, mientras me encuentre en este distrito, mi meta es (como lo dijo la poética Suzanne) conocer sus tesoros ocultos y apreciarlo por todas sus partes móviles, lo bello y lo no tan bonito.

Saludos a todos,

Rangii.

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¿Cuáles son las cosas geniales y no-tan-geniales del lugar donde vives?

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3 comentarios en “Siete años han pasado…

  1. Total Amalgama dijo:

    Me quedé muy impresionada por el giro de 180º de un lugar a otro, pero si creo que aunque menciones las negativas, los pros que tiene vivir donde vives me convencen más. Vivir en una metropoli está cansado, es una vida muy acelerada y no creo que disfrutemos igual.

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    • rangii31 dijo:

      Tienes razón. Los pros de vivir en este distrito son maravillosos, jaja. No sé que haré sin ellos si algun día llego a regresar a la ciudad. Lo más negativo de la ciudad es el movimiento. De este lado del país, uno se acostumbra a la tranquilidad de este distrito. La gente pasa más tiempo en su casa que en la calle, y cuando sales tienes casi todo el camino para ti solo. Sin embargo, en la ciudad siempre hay movimiento. Siempre hay gente andando. Y llega a ser un poco frustrante estar tropenzando con la gente cada cuanto que quieres ir a algun lugar.

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  2. suzanne dijo:

    Yo entiendo sobre la luz. Hoy estabamos in luz de 8:30 en la manana hasta 5 en la tarde. Pero, gracias a Dios, no es normal a perder agua. Si no tenemos luz, no tenemos mucho agua pero todavia tenemos. No puedo imaginar ese desafio. Si tengo que escojer luz o agua, voy a escojer agua cada vez.

    Es interesante que tu dijiste sobre el vestido. Yo se que Panana y la Republica son paises diferentes pero aqui en la ciudad yo siempre me siento que estoy desarreglado. No me gusta a tomar mucho tiempo arrenglandome pero todo el mundo si. Quizas tengo que mudarme al campo donde puedo vivir en pijama.

    Pienso que despues de un rato mas viviendo en la ciudad, yo quiero pasar por el campo y vivir en las montanas. Silencio? Que es eso? Suena bien.

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