Gone Girl (Gillian Flynn)

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¿Porque no es ese el punto de todas las relaciones: el ser conocido por alguien más, ser entendido? Él me entiende. Ella me entiende. ¿No es esa la frase mágica?

Gone Girl (Perdida, en su versión en español) nos narra la historia de Nick Dunne y Amy Elliott Dune. Un par de esposos que inician su relación en Nueva York y, luego de una serie de eventos desafortunados, deben mudarse al antiguo hogar de Nick. Cosa que no representaba una aventura para Amy, siendo una mujer nacida y criada en Nueva York. Aquella ciudad era su hogar. Ahí estaba su vida. Ahora tendría que vivir en Misuri, lejos de todo lo que había conocido.

Sumado a todo eso, dentro de los cinco años de matrimonio que ya tenían juntos, estaba la temida etapa donde las cosas ya no son como antes. Las discusiones abundaban, las caras largas, los bufidos, los suspiros, el silencio y el tú sabes como es ella. Eso es tan de él. No me sorprende para nada.

En medio de toda la tormenta que era su relación, Nick despierta para enfrentarse al día de su quinto aniversario. Solo para descubrir, pocas horas después, que su esposa ha desaparecido. En medio de una violenta escena del crimen.

Amy está perdida. Amy ha sido secuestrada. Amy podría estar… muerta.

En el sótano de mi estómago hay cientos de botellas de ira, desesperación y miedo; pero jamás lo imaginarías al mirarme.

Está casi de más decir que, luego de que la policía entra en el cuadro de esta historia, Nick Dunne se vuelve el sospechoso más grande de este caso. El esposo que mata a su propia mujer en un ataque de ira. Después de todo se trata de un hombre deprimido, desempleado, hundido en deudas y con la herencia genética de un padre violento. Nick es el perfecto sospechoso para la desaparición de Amy, y… ¡oh, Dios mio! ¿En serio lo habrá hecho?

La historia se cuenta desde dos perspectivas. La de Nick Dunne, relatando su parte de la historia en primera persona desde su propia mente; y la de Amy Elliott Dunne, relatando su historia desde las páginas de su diario. Ya que se encuentra desaparecida y es el único medio por el cual nos puede hablar.

Marido y mujer se enfrentan en cada capítulo, mostrandonos su punto de vista de cada cosa que nos cuentan. Y esto es de lo más atrapante de la historia; tratar de descubrir quién tiene la razón, quién está contando la verdad. Cosa que no parece lo más usual cuando la historia se trata de una pareja donde la mujer está desaparecida y su esposo la busca, fervientemente. Pero esta historia es tan retorcida como jamás me hubiera imaginado que sería. Los personajes son adorables, luego despreciables, luego admirables, luego atemorizantes, luego brillantes… y no tienes la menor idea de quién es quién.

La humanidad en todo su esplendor.

Gillyan Flynn hizo un trabajo impecable al crear un par de personajes tan reales como tú y yo. Son tan humanos que te darán escalofrios lo mucho que te podrás identificar con ellos. Sobre todo porque este par de personas no son del tipo de gente con la que quisieras identificarte. Pero es inevitable. Son tan humanos como cada uno de nosotros.

La narrativa de la historia te atrapa de inmediato. Sobre todo por esa ingeniosa forma de relatarnos la historia a través de dos voces. En ningún momento te aburres, en ningún se te hace tedioso. Solo quieres seguir leyendo para saber qué es lo que pasará después. Y lo cierto es que en este libro las cosas jamás dejan de pasar. Una y otra y otra se van amontonando delante de ti, hasta que ya no sabes qué hacer con tanta información. Pero es algo que resulta de lo más fascinante y te hace disfrutar cada página, cada párrafo y cada letra de este libro tan bien escrito.

Algunas veces piensas que te mueves por este mundo solo, oculto, inadvertido. Pero no te lo creas ni un segundo.

El libro desde un principio es sumamente interesante y en ningún momento dejará de sorprenderte. Es una historia de suspenso muy bien planeada. Cada paso, cada pista, cada sorpresa cae perfecto en su lugar y te deja con la boca abierta.

Antes de finalizar, me gustaría aclarar que no me gustó el final. La historia llegó a un punto donde nada podría ser más escandaloso, nada podría ser más sorprendente, nada podría ser más atemorizante; y aún así esperaba que el final le diera la vuelta a todo eso, de una sola cachetada. Pero, lo cierto es que, el final no logró llenarme. Fue sorprendente y me dejó atónito, pero, sin lugar a dudas, no era lo que me esperaba como el desenlace de esta historia. Y eso fue lo que le costó la quinta estrella a este libro.

Le di 4 de 5 gorritas, en goodreads:

4 de 5 gorritas_WP

Les recomiendo muchísimo este libro, porque se trata de una lectura emocionante. Este libro sin duda será una lectura que los entretendrá de principio a fin. Los hará pensar, los hará reir y los hará llorar. Los hará sentirse confundidos, al punto de vomitar. Pero jamás, jamás los aburrirá.

Espero lo lean pronto; y si ya lo han leído, por favor, dejenme sus opiniones de él en los comentarios. Me encantaría discutir este libro tan interesante con ustedes.

Saludos a todos,

Rangii.

Siete años han pasado…

Hace un par de días, navegando entre mis blogs favoritos, me encontré con el blog de Suzanne (tattooedmissionary) y quedé fascinado con lo que escribió en su último post. Hablaba sobre lo bueno y lo malo de vivir en un país en desarrollo. El cual pueden leer dando clic aquí (pero, ojo, está en inglés).

Casualmente, yo vivo en un país en desarrollo (Panamá), y casi todo lo que dijo fue como ver descrito a mi país. Sin embargo, a mi me causó mucha nostalgía algo completamente diferente. Su post me hizo recordar cuando yo vivía en la ciudad (ahora vivo en un distrito muy alejado de la ciudad, al oeste, un mundo completamente diferente). Ella hablaba de no comparar su país de origen con el país donde ahora se encontraba, y yo sentí que a mi me pasaba exactamente lo mismo; con solo haberme mudado de ciudad.

Han pasado ya siete años desde que me mudé de mi viejo hogar en la ciudad hacia el oeste, y me resulta impresionante el hecho de que aún (y creo que jamás) me he acostumbrado a vivir donde vivo ahora. Y no se trata de que viva en condiciones terribles, para nada. Simplemente, aún no logro procesar las diferencias que existen entre mi viejo y mi actual hogar. Pero con todo y eso no puedo quejarme, porque al menos tengo un hogar; y uno que no muchos pueden tener. Me siento bendecido por eso, pero no puedo evitar sentirme un poco resentido por aquellas cosas que he perdido y aquellas cosas de las cuales aún no me acostumbro. Sin embargo, hay muchas otras cosas que he ganado y una que otra cosa que extrañaría, si algun día llegara a irme (de vuelta a la ciudad, espero). Así que aquí les dejo mi lista de las cosas geniales y no-tan-geniales de vivir lejos de la ciudad, en un país en desarrollo.

030-COSAS NO TAN GENIALES DE VIVIR LEJOS DE LA CIUDAD//

La distancia. Casi todo lo que realizo (la universidad, los cursos de cine, las grabaciones, las reuniones de trabajo, las salidas con amigos, etc.) es en la ciudad. Lo divertido del asunto es que, sin tráfico, solo estoy a media hora de la ciudad. Pero, con tráfico, estoy a dos horas de la ciudad. Y, por lo general, hay tráfico.

Lo peor de todo es que cuando llegas a la ciudad, solo llegas al borde de la ciudad. Debes tomar otro autobus para ir al lugar al que en realidad debes estar, y eso toma media hora más; sin tráfico. Pero, con tráfico, puede ser hasta una hora. Así que, al final, te toma entre una a tres horas llegar a todas tus actividades. Y lo mejor del asunto es que jamás sabes si hay tráfico o no. Así que, sea como sea, debes salir tres horas antes de tu casa para llegar a tiempo a donde sea que vayas. Así te libras de cualquier imprevisto. Y créanme que pararse tres horas antes de lo que debes, para poder llegar a tiempo, no es para nada agradable.

El transporte. Al vivir tan lejos, si no tienes auto, dependes por completo del transporte público. Debes tomar de dos a tres buses para ir a la ciudad o regresar a casa, dependiendo del lugar a donde vayas. Y todo eso, estando pendiente del horario de servicio.

En mi país el metro cierra a las 10:00 pm y el último bus de la terminal de buses sale a las 11:00 pm. Si llegas a pasarte de esa hora, en alguno de ellos, te quedaste en la ciudad. Así que te queda completamente prohibido participar de fiestas, reuniones, películas o cualquier evento que no te deje tomar un bus de regreso antes de las 10:30 pm. Y a todo el mundo le fascina hacer actividades de noche, así que ya se imaginarán lo mucho que me he perdido estos últimos años.

Aparte de eso está el factor económico. Al tener que tomar tantos buses (o taxis) te sale mucho más caro salir a la ciudad desde el distrito donde vivo, que si vivieras en la misma ciudad. Y estar conciente de ello es muy frustrante. Sobre todo cuando debes dejar pasar un evento al que quieres ir, porque no alcanza para el pasaje.

El entretenimiento. En la ciudad debías tomarte un tiempo para ver a qué lugar querías ir, ya que todo quedaba cerca y había mucho de donde escoger. En el distrito donde vivo ahora no hay nada. Hace solo cosa de un año, abrieron un centro comercial. Y lo único bueno es el cine y los restaurantes. Antes de eso, ni cine teníamos. Todo había que hacerlo en la ciudad. Si querías comprar algo, había que ir a la ciudad. Si querías ver una película, había que ir a la ciudad. Si querías comer algo, había que ir a la ciudad. Si te enfermabas, había que ir a la ciudad. ¡Si necesitabas la mínima cosa, había que ir a la ciudad! Y aún es así con muchas cosas. En este lado del país no hay nada, y es de lo más frustrante; hay días que no quiero ir TAN lejos para hacer algo tan sencillo. Hay días que quisera salir de mi casa y caminar unas cuadras para conseguir lo que quiero. Cosa que podía hacer en la ciudad, pero ahora debo tomar un viaje de dos horas para hacer cualquier cosa. Aún no entiendo porqué a este lado del país no se le da tanta importancia como al otro. Aquí también viven personas, y muchas. ¡Hola!

La luz. Por alguna extraña razón, en este lado del país la luz no tiene ningun sentido de constancia. Un día la tienes y al otro día no. Un minuto está y luego pasas tres horas sin luz. Y jamás te avisan cuándo se va a ir. Hay días que la luz viene y va y viene y va. Yo no sé si alguien dentro de la empresa de electricidad se ponga a jugar con los interruptores, pero, sea quien sea, no tiene el menor respeto hacia los que vivimos de este lado del país. Y ese es el punto, eso solo pasa de este lado. Cuando vivía en la ciudad, podía contar con los dedos de una mano las veces que la luz se había ido. Ahora que vivo en este distrito, no me alcanza ni con los dedos de toda mi familia para contar las veces que nos hemos quedado sin luz.

El agua. Durante todo el tiempo que viví en la ciudad, yo no sabía a qué se referían con “se fue el agua” Esa era una expresión ajena a mi estilo de vida. Sin embargo, desde el día en que me mudé a este distrito, podría darle clases a cualquier persona sobre qué hacer cuando se va el agua. Es algo constante y permanente. Algo con lo que tienes que aprender a vivir y estar preparado para cuando pase. Que puede ser en cualquier momento. De todos los días. Sobre todo, los fines de semana. Dalo por hecho.

COSAS REALMENTE GENIALES DE VIVIR TAN LEJOS DE LA CIUDAD//

El silencio. Es increíblemente maravilloso el silencio que hay en esta parte del país. En la ciudad tenía que lidiar con el sonido de los autos, las bocinas, las personas, las discotecas, los choques de autos (que eran muchos en donde yo vivía) y el rugido de la ciudad, en general. Sin embargo, aquí puedes disfrutar de un silencio acogedor. Puedes leer un libro en completa paz. Puedes dormir sin escuchar ni el más mínimo murmullo. Puedes escuchar tus propios pensamientos sin la necesidad de taparte los oídos. La tranquilidad de este lado del país te acobija y te hace sentir como la persona más bendecida de este tierra. Quieres agradecerle a Dios a diario por vivir en esa casa, rodeado de tanto silencio.

El vecindario. No puedo hablar por todos, pero, al menos, mi vecindario es muy tranquilo. La gente no es fiestera. No hay delicuentes. Los autos pasan despacio. Los vecinos tienen sus casas bien arregladas y sus jardínes bien cuidados. Los niños juegan como niños y es poco probable que algo malo te pase en este lugar. Es como vivir dentro de una burbuja. Puedo regresar a mi casa a las tres de la madrugada y caminar con total seguridad por las calles de mi vecindario. Cosa que NO se puede hacer en la ciudad. Allá debes tener los ojos bien abiertos y el puño listo para golpear y correr.

El código de vestimenta. No se trata de un código real, pero, lo cierto es que, en este lado del país, la gente le da menos importancia a cómo sale vestida a la calle. Durante todos los años que viví en la ciudad, aunque fuera a la tienda de la esquina, tenía que salir bien vestido. Todos los que vivían allí se vestían como si fueran al cine o quién sabe dónde. Tenías que estar seguro de ver lo que tenías puesto antes de salir, porque de seguro te iban a mirar raro si llevabas algo puesto que no combinara con el lugar. ¡Incluso las ancianas se arreglaban el cabello para ir al super!

Acá, es completamente diferente. Si quieres ir al supermercado en pijama, nadie se va a fijar. Si sales de tu casa despeinado, con el sueter que tenías puesto el día anterior y el pantalón abierto, a punto de caer hasta tus tobillos, es de lo más normal. Aquí nadie se ofende si no estás vestido para la ocasión. Y eso me encanta. Puedo andar en chancletas, pantalones manchados, suteres viejos, despeinado y sin bañar. Y si quiero, puedo irme así a donde quiera. Nadie lo va a notar, porque nadie está vestido como si fuera a una pasarela. Hay veces incluso que me siento un poco raro cuando salgo vestido para ir a la ciudad, ya que, como voy a la ciudad, sí me visto para la ocasión; y ahí es que resalto entre la gente. Es muy raro presenciar esa diferencia. Pero a mi me fascina poder vestirme como sea cuando estoy en mi vecindario. Hace que mi casa se sienta del tamaño de todo el distrito.

Ya luego de tantos años, todas estas cosas se han vuelto parte de mi vida. Lo cierto es que sigo extrañando el vivir en la ciudad y guardo la esperanza de volver algun día. Sin embargo, mientras me encuentre en este distrito, mi meta es (como lo dijo la poética Suzanne) conocer sus tesoros ocultos y apreciarlo por todas sus partes móviles, lo bello y lo no tan bonito.

Saludos a todos,

Rangii.

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¿Cuáles son las cosas geniales y no-tan-geniales del lugar donde vives?