Ojitos de ángel (Ramón Fonseca Mora)

Un hombre se despierta en un hospital.

Un hombre adinerado se despierta en un hospital.

Un hombre adinerado se despierta en un hospital público.

Un hombre adinerado se despierta en un hospital público… ¡y ni siquiera tiene el cuarto para él solo!

Así inicia esta maravillosa historia que nos narra las desaventuras que Julio, un hombre adinerado, orgulloso, pedante y prepotente, sufre dentro de un hospital público del cual no puede escapar. Ha sufrido un accidente de auto, terrible, y a los paramédicos no les quedó más remedio que internarlo en el hospital más cercano. Que triste que no pudieron leer su mente antes de tomar aquella decisión. Habrían sabido que ese era el lugar del que más lejos deseaba estar.

Sin embargo, estas desaventuras se van convirtiendo en aventuras a lo largo de la historia. Pero la mayor razón de que su vida comience a dar un giro de 360º es su encuentro con un ángel que por alguna razón (quizás para salvar la vida de Julio) dejó sus aposentos en el cielo y decidió vivir entre la raza humana. Este ángel se trata de, y no podría haber sido de otra forma, una pequeña niña que, estando dentro de las limitaciones de un hospital público, resultó ser compañera de cuarto de este viejo y pesado ser humano.

Las complicaciones van surgiendo desde que Julio abre los ojos y lográ entender lo “desagradable” de su situación. El viejo se vuelve un niño y comienza a berrinchar como un bebe en pleno ataque de histeria. Las enfermeras, los doctores, todos y cada uno de los internos observan la actitud de este viejo malagradecido y lo miran con ojos de desaprobación. Pero Mechi, con sus ojitos de ángel, logra ver el alma cálida que guarda Julio dentro de un hueco oscuro en lo profundo de su corazón; donde decidió desechar todo lo que lo desviara de ser un “verdadero hombre” y un lider exitoso. Pero Mechi lo vio. Ella supo que dentro de él aun había algo que salvar y decidió ponerse manos a la obra.

Resulta interesante e irónico ver quién salva a quién y, al final, quién debe despedirse.

La juventud y la vejez se colocan una al lado de la otra para demostrarnos que, cuando se tiene un propósito en esta vida, la edad no importa. Y cuando este se cumple, es hora de partir.

Me siento sumamente orgulloso de que este libro sea parte de la literatura panameña. La narración, la observación detallada de la vida y la muerte coexistiendo de forma entrelazada y continua, la forma en que los personajes se van transformando y cambiando sus posiciones dentro de nuestro agitado corazón, los diálogos que acarician nuestra mirada y llegan hasta nuestros oidos porque no podemos evitar leerlos en voz alta… es una maravilla.

Se los recomiendo muchísimo y lo declaro como un MUST dentro de sus libreros. No pueden morir sin leer este hermosísimo libro.

Saludos a todos,

Rangii.

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2 comentarios en “Ojitos de ángel (Ramón Fonseca Mora)

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